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octubre 2019
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Jugar sobre seguro y pagar por ello o ahorrar un poco y apostarlo todo a una carta. La fotografía de bodas pasa por un momento delicado.

A nadie se le ocurriría meterse en la cocina y preparar entremeses y cordero para una boda por la simple razón de que “de vez en cuando cocino”, del mismo modo que a pocos se les pasaría por la cabeza diseñar un vestido de novia porque “en mis ratos libres coso”. Sin embargo, ¿cuántos fotógrafos aficionados han sido cortésmente invitados a cubrir gráficamente una boda escudándose en los cientos y cientos de mariposas, atardeceres y fuentes varias que han posado para su cámara? La crisis afecta a todos los bolsillos, y una boda es un acontecimiento en el que el bolsillo, precisamente, sufre un desgaste considerable. Pero tampoco hay que engañarse. Lo de ahorrar hasta el último céntimo no es una consecuencia coyuntural de la crisis. Es tan grande el dispendio que requiere una boda que siempre se ha intentado recortar el presupuesto por donde fuera, y en especial por lo fotográfico.

Aunque parejas de novios hay muchas, todas tienen algo en común: un amigo, cuñado, primo o sobrino aficionado a la fotografía. Es por esto que los fotógrafos que trabajan profesionalmente sufren sobremanera para que sus servicios no sólo sean reconocidos, sino también pagados a su justo precio. Aunque hacer generalizaciones siempre es arriesgado, podemos concretar que entre los contrayentes hay dos grandes grupos: por un lado están los que opinan que las fotografías son un recuerdo imborrable que ha de perdurar para siempre y por ello han de destilar la máxima calidad posible; por el otro, los que se escudan en que, al ser una fecha tan señalada, no es necesario una gran producción, ya que “todos los novios salen bien el día de su boda”.

Ahora hay que competir no sólo con los fotógrafos, impuestos por la iglesia y el restaurante, sino con el amigo del novio y el cuñado de la novia.

Otro de los grandes problemas es el ya citado intrusismo, muchas veces involuntario, de los amigos y familiares de los novios. Hace algunos años el fotógrafo de bodas profesional tenía que luchar contra otros fotógrafos que, si bien no eran expertos en esa disciplina ni cumplían sus obligaciones fiscales, al menos sí eran profesionales. Hoy todo ha dado varias vueltas de tuerca y se ha llegado a un punto en el que hay que competir no sólo con el fotógrafo impuesto por la iglesia y el impuesto por el restaurante, sino con el amigo del novio y el cuñado de la novia. Actúan con la tranquilidad que da el no tener que pagar a la Seguridad Social ni a Hacienda y no quedarse sin empleo si las fotos salen mal.

El dinero es un aspecto muy delicado. En todas las transacciones hay siempre un tira y afloja, y generalmente el acuerdo acaba siendo posible cuando se pone en un lado de la balanza la calidad de la mercancía y en el otro la calidad del producto a adquirir. Lo malo de las bodas es que no hay producto que inspeccionar hasta que el trabajo ha finalizado. Una vez llegados a eso, no hay vuelta atrás. Los novios tienen que ver, comparar y comprender que realmente el trabajo que están encargando lo vale. Que el fotógrafo va a darlo todo y va a exprimir al máximo el reportaje de su boda. “El cliente debe saber bien lo que busca y lo que realmente quiere. Es muy complicado poner un precio, a veces no sólo porque es difícil evaluarse a uno mismo, sino porque quizás tu nombre todavía no tiene esa repercusión mediática que sí tienen otros.”

El punto de vista de los novios, en cualquier caso, también tiene su lógica. Una pareja que está ahora en plenos preparativos para su boda nos confiesa su decisión de prescindir de fotógrafo: “Hay cosas de las que se puede rascar y cosas de las que no se puede bajar. El vestido no te lo haces tú, pero eliges otro más barato, y con el viaje pasa lo mismo: vas, pero más cerca. Las fotos son como el coche de la novia. El mío no será una limusina, sino un Citroën conducido por un primo del novio, y las fotos las hará un amigo y no un profesional. Seguramente no salgan igual, pero hay que asumirlo. Y si hubiera alguien que me preparase el banquete o algún vecino que me dejase su finca para el convite… también lo aceptaría.”

Muchas parejas dejaron que fuera un amigo el encargado de hacer las fotos, y ahora están recomendando a otros novios que no cometan ese error

Ahora mismo estamos sufriendo el ‘boom’ de la fotografía digital. En los últimos años muchas parejas han experimentado con las fotos digitales que les ha hecho un amigo, y ahora esas mismas parejas están recomendando a los novios actuales que no cometan ese error, que busquen un profesional.

Así y todo desde MerloMedia queremos ofrecer una serie de sabios consejos para esos cuñados intrépidos aficionados a la fotografía. Pero esto, sera en la segunda entrega de este post.


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